Gobierno y violencia

¿Cuántas de las personas que dicen que condenan la violencia la condenan realmente? ¿Cuándo decimos que condenamos la violencia, nos referimos a todo tipo de violencia o lo único que condenamos es la violencia física sin pensar en el daño que causan otros tipos de violencia?
Cuando condenamos la violencia, casi siempre refiriéndonos a la violencia física tanto cuando se ejerce con las manos como cuando se ejerce con algún tipo de arma, solemos utilizar dos tipos de argumentos:
  • El primero de ellos se relaciona con la idea de brutalidad, de falta de humanidad, de la persona que la utiliza por el daño causado al agredido.
  • El segundo con la posibilidad de respuesta, bien del agredido o de familia, amigos, aliados, etc.

 

Cuando hablamos de violencia física, nos impresionan los daños causados por el agresor al ver los daños físicos producidos por el ácido vertido sobre la cara del agredido, la sangre derramada, los cadáveres, la destrucción causada por las bombas...

 

Pero ¿qué hay de los otros tipos de violencia? ¿qué hay de los daños que causan? Fijémonos, por ejemplo, en la palabra. La palabra, que puede usarse para el diálogo, para la negociación leal, para convencer, puede usarse también para vencer, para agredir:
  • ¿Cuantas veces se usa la palabra para insultar, para dañar la autoetima de otros?
  • ¿Cuantas para difamar, para destruir la reputación de otros?
  • ¿Cuántas para manipular la información y engañar?
  • ¿Cuántas para engañar en la negociación?
  • ¿Cuántas para desvirtuar la realidad, desinformar y crear confusión?

 

¿Es que esto no es violencia? ¿es que esto no causa daños irreparables en el ámbito de lo psicológico individual, en la reputación y, por tanto, en la vida posterior del difamado, en la vida política y social, en el comportamiento de los ciudadanos, en la aparición de animadversion y recelo entre grupos de población? ¿es que muchas veces este daño no es peor que morir? Si no lo creeis así preguntádselo a quienes lo hayan sufrido; preguntádselo a los que han tenido que arrostrar luego toda una vida de angustias, malos sueños y tratamiento psicológico; preguntádselo a aquellos que no han podido rehacerse profesionalmente después de que su prestigio, en el ámbito de su profesión, ha sido destruído; preguntádselo a aquellos que han pasado 10, 20 o 30 años en la carcel por un delito que no han cometido?

 

¿Y qué decir de las consecuencias en el caso de que el agredido se vea en situación de responder? ¿Acaso creéis que alguien que sea agredido por una agresor hábil en el uso de la palabra, si no puede defenderse por el mismo medio, no va a utilizar otro medio en que sea más habil que el agresor? ¿Acaso creéis que alguien a quien se daña con la difamación y es incapaz de defenderse con la palabra pero es hábil con la violencia física, ejercida en la forma que sea, no lo hará? y, por otro lado ¿no parece comprensible que lo haga? ¿no parece incluso justificable que lo haga si no encuentra modo de que se repare el daño? ¿Si alguien viera destruída psicológicamente a su hija por un marido que la ha llevado en su proceso de destrucción incluso a la bebida y, debido a ello y a la manipulación de la información, el marido consiguiera la custodia de los hijos y la prohibición de que la familia de la mujer viese a los hijos sin testigos porque hubiera convencido al juez de que la intención de la familia de la madre sería la de indisponer a los hijos contra él, no respondería de alguna manera?

 

También aquí, en general, la violencia engendra violencia. Lo malo es que no siempre es el mismo tipo de violencia. No puede exigirse al agredido que responda con las mismas armas que el agresor. Éste utiliza las armas con las que es hábil y, del mismo modo, el agredido responderá con las armas que domina. Por tanto, en general, se producirá una escalada de la violencia

 

Siempre me ha sorprendido que los gobiernos condenen la violencia cuando son los gobiernos los primeros en ejercerla, y no me refiero ya a la violencia física con la que, a veces, se reprimen manifestaciones sino a la continua violencia verbal que ejercen los gobiernos sobre todo el mundo:
  • Mienten a los ciudadanos, y no sólo durante la campaña electoral en la que prometen cosas que no van a cumplir, sino a lo largo de todo su mandato.
  • Manipulan la información para atacar a los oponentes políticos, confundiendo a la opinión pública.
  • Utilizan las instituciones del Estado para atacar a los oponentes políticos.
  • Incumplen las leyes, fundamentalmente en lo que se refiere a la adjudicación de puestos de trabajo, contratos a empresas, etc.
  • Utilizan los medios de comunicación pública para desinformar, en lugar de proporcionar a los ciudadanos información fehaciente y completa.
  • Cambian la leyes para cumplir sus compromisos políticos, aunque esto signifique que los accionistas de las compañías industriales que los gobiernos desean manipular pierdan mucho dinero; circunstancia especialmente dañina para los pequeños accionistas que, muchas veces, pierden gran parte de su patrimonio.

 

Al hacer esto, los gobiernos están haciendo comprensible cualquier tipo de violencia que se ejerza contra ellos, desde evadir impuestos, hasta robar y quien sabe si no más. No se puede pedir a alguien aplastado por la maquinaria del Estado que tenga paciencia y se conforme.

 

La violencia con que actúan los gobiernos sobre la población, incluida la ejercida por medio de la palabra en cualquiera de sus formas: mentiras, difamaciones, manipulación de la información, desinformación, leyes injustas, da alas y, hasta cierto punto, justifica la violencia de cualquier tipo que se pueda ejercer contra el gobierno como agresor.

 

No os engañéis, ¡sólo condena de verdad la violencia aquel que no ejerce ningún tipo de violencia!